Son menores de edad, pueden adquirir alcohol en muchos de los establecimientos sin que les pidan el carnet de identidad y en esos mismos locales, por lo general, se venden bebidas alcohólicas fuera de horario.
La Confederación de Asociaciones Vecinales de Andalucía (CAVA) hizo ayer un balance sumamente crítico de la denominada Ley antibotellón, coincidiendo con el tercer aniversario de su entrada en vigor. En este periodo, sólo se ha conseguido, en parte, desplazar las concentraciones de jóvenes de los cascos urbanos a lugares apartados de las ciudades. Sin embargo, la tónica habitual es la venta de alcohol después de las diez de la noche y a menores y el consumo de sustancias estupefacientes, algunas de ellas sumamente peligrosas.
Antonio Viruez, presidente de la CAVA, hizo especial hincapié en la situación de los menores, y en este sentido hizo un llamamiento no sólo a las autoridades responsables, sino también a los padres. «La vigilancia de los hijos no puede dejarse exclusivamente en manos de las fuerzas de seguridad —advirtió— porque en este caso los familiares tienen un papel muy importante». Explicó que la mayor parte de los menores de edad que han consumido alcohol en abundancia no son trasladados por sus compañeros a un centro de salud para evitar que los médicos se ven obligados, como establece la Ley, a avisar a sus padres.
«Se trata de una práctica peligrosa que afortunadamente no ha tenido hasta ahora consecuencias fatales, pero mucho nos tememos que alguna vez ocurra. El consumo de alcohol por menores no está prohibido, pero sí la venta, lo cual nos parece una auténtica contradicción», resaltó Viruez.